sábado, 30 de junio de 2012


CUMBRE DE LA ZONA EURO

Que los avances no nos oculten los límites

La Cumbre de los Jefes de Gobierno de la zona euro, celebrada en Bruselas el 28 y 29 de julio, ha producido algunos avances importantes y no menos importantes indefiniciones.

En su declaración se incluye el compromiso de un mecanismo único de supervisión con la participación del Banco Central Europeo, la posibilidad de recapitalizar directamente a los bancos y hacer cuanto resulte necesario para que, con los instrumentos (Fondos específicos) vigentes, se estabilicen los mercados para los Estados miembros o, lo que es lo mismo, la posibilidad de activar compras de deuda a través del BCE.

Respecto al desarrollo de la propuesta de supervisión bancaria única se prevé que el Consejo la estudie antes de acabar 2012; la posibilidad de capitalización directa se aplaza al momento en que se establezca de forma efectiva el supervisor bancario y la de compra de deuda se condiciona a que cada país afectado cumpla las recomendaciones específicas de la Comisión.

Adicionalmente, en el caso de España, se insta a la ultimación del Memorando de Acuerdo, cantidad más condiciones, para el apoyo financiero a la recapitalización de su sector bancario.

Buenas noticias sí, pero plazos no inmediatos y condiciones a los compromisos también pendientes. Y como "el diablo se mete en los detalles", hasta que no los conozcamos no sabremos hasta qué punto se ha metido.

Así el paso imprescindible de la unión bancaria se prevé para principios de 2013, aunque su puesta en funcionamiento efectiva llevará más tiempo y, en tanto no se produzca el rescate directo a los bancos, no será posible; y la recapitalización de la banca española que se haga antes de esa fecha, que será la mayoría, tendrá que hacerse vía financiación al FROB, es decir al Estado Español.

Más importante y efectiva en lo inmediato es la posibilidad de que el BCE compre deuda de países para evitar el asedio de los mercados. De forma sorprendente Rajoy dice que España no va a pedir este recurso, aunque será la verdadera clave, en el corto plazo, para que no sigan disparándose los intereses a pagar por las deudas española e italiana.

Las medidas anunciadas, junto con la formulación de un plan de inversión para el crecimiento de entre 120 y 130 mil millones de euros, según las fuentes, y el impulso a un nuevo impuesto sobre  transacciones financieras serán avances cuando pasen de ser compromisos a realidades.

Pero lo positivo de estas noticias no debe ocultarnos las carencias, ya que no se define la política fiscal como el otro factor imprescindible para la construcción económica común. Y para hacerlo habrá que resolver simultáneamente  la política de estabilidad, la armonización de los impuestos y la posibilidad de un Tesoro y unas políticas de financiación de la deuda compartidas.

Ese es el problema desde el principio, en el que reside la sustancia de la cesión de soberanía, porque sólo hablando de recursos se puede hablar de cómo se ingresan -es decir cómo se reparten las cargas entre los ciudadanos- y de cómo se gastan -a quien benefician más- o, lo que es lo mismo, la naturaleza de la política.

Es indudable que no habrá Europa sin cesiones de soberanía, también lo es que, en las circunstancias actuales, la cesión de soberanía no está claro a quien se haría realmente. La confusión de competencias entre la Comisión, el Parlamento Europeo y los países y la permanencia de vetos y reglas especiales de decisión, desvirtúan la eficacia del voto ciudadano, hasta un punto que impide la decisión de la política democrática en el ámbito europeo y favorece la imposición de los países más fuertes y de los poderes económicos, que se mueven como pez en el agua cuando la política pierde valor.

Se ha avanzado en una realidad en que el euro se ha convertido en la "prueba" de Europa. Y no hay el mismo interés en resolver el problema en los países que forman parte de esta moneda que en los que no la tienen. Este es el nudo gordiano que hay que deshacer para que pueda haber o no "política democrática común".

Los países del euro deben resolver simultáneamente la necesidad de construir políticas económicas comunes, la cesión de soberanía y que ésta se haga en términos democráticos, para recuperar la credibilidad de los ciudadanos. O lo que es lo mismo, deben dotarse de un tratado complementario reforzado que les permita combinar políticas comunes con más democracia. Y esto tiene muchos enemigos.

La reacción de una parte importante de los medios de comunicación británicos y alemanes, es una muestra de que los contrarios no van a quedarse quietos. La primera reacción de los mercados ha sido favorable -han bajado sustancialmente las primas de riesgo de Italia y España y han subido mucho casi todas las Bolsas- pero la reacción de un día no es significativa. El comportamiento de los mercados, dadas experiencias anteriores, puede girar en el momento en que crean que les conviene, y con la misma rotundidad.

Todas las decisiones están pendientes de ratificación en el Consejo, y ahí los contrarios a más Europa estarán esperando a que en la definición de los detalles de los acuerdos, los tiempos y los aspectos concretos, creen las dificultades suficientes para impedir los avances.

Por eso el exceso de optimismo no trabaja a favor de obra. La imagen de los dos grandes PIGS -Italia y España- jugando la final de la Eurocopa ha sido muy potente. Pero la política no es futbol y en la construcción europea siguen siendo cruciales Alemania y Francia. La posición firme y prudente del Presidente Hollande ha sido decisiva, como también ha sido importante la presión de los socialdemócratas y los verdes alemanes a favor de una estrategia de crecimiento que ha contribuido a desbloquear algunos de los avances financieros.

Eso es lo que habrá que seguir trabajando para tener garantías de que lo acordado se cumple y se puede avanzar más allá. De lo contrario, por mucho que alguno saque pecho, por muchos titulares de prensa que hablen de victoria, no servirán para nada, o peor aún, para "regalar munición al enemigo".

                                                     

Andrés Gómez

LA VISITA DE LOS ENVIADOS DE ADELSON DESINFLA EUROVEGAS
                                   

Las visitas de los enviados de Adelson a Barcelona y Madrid han enfriado, y mucho, las expectativas creadas sobre la posible instalación del "Parque temático del juego" en alguna de estas ciudades.

A pesar de las cifras dispares ofrecidas en las comparecencias de prensa en ambas ciudades, lo conocido muestra que el proyecto se redimensiona respecto a los disparatados números que se barajaron al principio, y las condiciones para la inversión se complican, no sólo por el mantenimiento de la exigencia de cambios legales sino también por el requerimiento de una financiación que difícilmente conseguirá en las actuales circunstancias, y de un retorno del 20% de la inversión.

Más explícitos en Barcelona, lo que da mayor fiabilidad a los números allí expuestos, la dimensión económica inicial del proyecto no llega ni a la mitad de lo hablado. Se plantea un proyecto que se financiaría en un 20% por el inversor, en un 15% por los beneficios que generase la actividad y en un 65% mediante crédito, por importe de 4 mil millones de euros. Esto implicaría una inversión de 7 mil millones de los que la aportación directa del inversor no llegaría a 2 mil.

La previsión sería empezar la actividad con seis mil habitaciones de hotel, aunque los posibles inversores indican que la cifra inicial podría reducirse a tres mil, y tienen una previsión de inversión en suelo valorada en 300 millones de euros, lo que con una disponibilidad requerida de entre 5 y 10 millones de metros cuadrados, supondría un precio de entre 30 y 60 € por metro.

Así el impacto en empleo del proyecto se reduce notablemente sobre las cifras iniciales: se habla de 15 mil empleos en construcción y otros tantos en actividad directa generada en  hostelería y otros servicios.

En Madrid los enviados de Mr. Adelson añadieron, solemnemente, que no querían legislación especial para el complejo pero que, sin cambios legales que respondiesen a sus requerimientos, la inversión no será posible. Aguirre, metida en el juego de hoz y coz, afirmó que si es necesario para el proyecto, se cambiará la Ley antitabaco. Es decir que Mr. Adelson manda más que el Congreso de los Diputados.

Casi al mismo tiempo Adelson hablaba en Macao de más de 26 mil millones de euros de inversión y 36 mil habitaciones en Europa, cifra que contrasta tanto con la expuesta en España, que más parece un juego de presión para que se acepten sus condiciones, que algo real. Sobre todo porque la ampliación del proyecto, sobre lo previsto inicialmente, se condiciona a la rentabilidad del capital y la posibilidad de reinversión que genere, lo que en estas circunstancias no deja de ser un brindis al sol.

Así el panorama es que un proyecto que, en el mejor caso, crearía 15 mil empleos estables, requeriría, al menos, 4 mil millones de crédito, mucho suelo barato, el coste público de urbanización, infraestructuras y equipamientos, cambios legales impuestos por un inversor privado y una rentabilidad por encima del 20%.

Mucho ¿no?. Cada día que pasa crece la impresión de que estamos ante un globo pinchado. Del primitivo entusiasmo de Aguirre y Botella se pasó a lo "políticamente correcto" de decir que lo importante es que el proyecto se quede en España, aunque no sea en Madrid; un síntoma inequívoco de distanciamiento, que no se produciría si viesen alguna posibilidad de acceder al negocio.

La última señal es que están buscando "chivo expiatorio" al que cargarle el mochuelo: y lo han encontrado en Miguel Sebastián. Cierto que, como Ministro de Industria y Turismo recibió al inversor, y lo remitió a las Comunidades Autónomas de Madrid y Cataluña como autoridades competentes, pero ni en las hemerotecas ni en la red se encuentra ninguna declaración suya al respecto, en tanto menudean las exageraciones entusiastas de Doña Esperanza y Doña Ana. Lo suyo de siempre, se apuntan a lo que creen que les viene bien, lo haya hecho quien los haya hecho y si no, pues "la culpa la tiene Zapatero".

Si no fuese por sus prejuicios ideológicos y su permanente convicción de que lo que es bueno para el interés de sus amigos es bueno para España, tienen información y elementos suficientes, para saber que este proyecto no es el mejor para el cambio que requiere la economía española. Saben, mejor que nadie, la desastrosa experiencia de los parques temáticos en España, y específicamente la de Parque Warner en Madrid. Con un mínimo análisis, conociendo la situación de crisis actual, deberían saber que el proyecto no sólo no es bueno; es que, además, su viabilidad económica es más que dudosa desde el principio.

El juego seguirá hasta septiembre, cuando formalmente Adelson tome una decisión definitiva. Él seguirá presionando para ver si saca lo que quiere y puede seguir haciendo buenos negocios con apoyo público. Pero ni la Comunidad de Madrid ni la Generalitat de Cataluña, en estas circunstancias, pueden garantizarle ni el suelo subvencionado, ni la inversión en urbanización e infraestructuras, ni mucho menos los cuatro mil millones de financiación del proyecto que pide; y es más que dudoso que Rajoy se meta en este charco o  asuma el desgaste que le supondría un cambio legislativo hecho a medida como éste, con la que le está cayendo en Europa.

Así las autoridades de Cataluña y, sobre todo, las de la Comunidad de Madrid, esperarán poder seguir "echando agua al vino", continuar buscando culpables donde no están, con el objetivo de que se olviden las estupideces que han dicho y han hecho todo este tiempo.

Y "Espe la Tramposa", si no le cambian la Ley antitabaco, echará la culpa a Mariano, por no tener bemoles, de la "pérdida de esta oportunidad". Y se quedará tan oreada. ¡Como una Señora!



Andrés Gómez

lunes, 25 de junio de 2012


A VUELTAS CON EL ACUERDO NACIONAL CONTRA LA CRISIS

Arrecia la presión de algunos medios sobre la necesidad de un acuerdo nacional contra la crisis en España. El diario El País y el digital El Confidencial se distinguen por su contumacia en la defensa de un gran consenso de los grandes partidos para garantizar la credibilidad de Europa y los mercados.

El argumento más esgrimido se centra en que la participación de los socialistas en un acuerdo como éste será la prueba de que son un partido de gobierno y dará tranquilidad a Europa y los mercados. El argumento olvida que el PSOE ha gobernado casi 22 de los 35 años transcurridos desde las primeras elecciones de esta etapa democrática. Su problema no es acreditar su capacidad para gobernar, que ya lo ha hecho, sino demostrar que puede hacer una oposición útil para la ciudadanía que le apoya, sin la cual difícilmente recuperará el Gobierno.

Olvida también que los socialistas franceses han ganado las últimas elecciones en su país haciendo una oposición que les ha llevado hasta declarar solemnemente que podrían no apoyar el Pacto de Estabilidad si no se combinaba con crecimiento. Con esta posición no sólo han ganado la presidencia, el Gobierno y la mayoría del poder legislativo, sino que, como consecuencia de ello, se han convertido en el  principal factor de dinamización y cambio en la UE.

Más explícito, Juan Luis Cebrián en un artículo publicado por El País el domingo 17 daba las que, según su criterio, son las razones de fondo: Las condiciones del rescate serán de envergadura y a la subida del IVA se añadirán bajadas de pensiones y de la protección por desempleo, de forma que sólo la incorporación del PSOE a este acuerdo podrá evitar que la calle arda este otoño.

Se equivoca. Si las medidas exigidas llegan a la dureza que vaticina, la movilización se producirá con o sin el PSOE. Y en la medida en que los recortes realizados hasta ahora afectan con especial dureza a la base social de la izquierda, de la que los socialistas obtienen la mayoría de sus apoyos, un acuerdo con el PP, cuyas consecuencias sean nuevos recortes para los trabajadores, las capas medias, los pensionistas y los parados, sólo tendrían el efecto de una nueva y masiva pérdida de sus apoyos que las encuestas, aunque sea en forma de estancamiento, ya señalan.

El problema es que esta propuesta es hambre para mañana, sin ni siquiera pan para hoy. La mayor parte del apoyo perdido por el PSOE y una parte importante del que aún mantiene difícilmente entiende que por la mañana, en la sesión de control del Gobierno, la portavoz socialista haga oposición seria y contundente, y por la tarde se vote, sin cambios, el Plan de Estabilidad; y mucho menos entendería que, se vista como se vista, se entrase en una dinámica generalizada de apoyo a medidas de ajuste sin más, que es lo que el Acuerdo supondría.

De ser así la centrifugación de voto socialista hacia IU, UPyD o, en mayor medida, hacia la abstención o el voto de castigo testimonial, crecería exponencialmente y eso sí que sería desestabilizador en Europa y los mercados, porque implicaría que la única alternativa al PP sería un PP con muchos menos votos, o lo que es lo mismo, un severo desgaste de la democracia.

La única manera sensata de construir un verdadero acuerdo nacional, con la participación de los agentes sociales, sería con un cambio profundo de la política aplicada hasta ahora. Es decir, con la consolidación de una estrategia de crecimiento y una aceleración, en términos concretos, de la construcción política europea y cambios también en la política nacional, hacia una estrategia más productiva, más enfocada hacia la creación de empleo y con un giro para mejorar el deterioro creciente de la distribución de la riqueza, lo que implicaría reconsideración de políticas laborales, compromiso de mantener y revertir el deterioro de las políticas sociales y hacer las políticas fiscales más progresivas.

Pero un cambio de esta envergadura no se ve en el horizonte inmediato. La aparición de Hollande en el panorama europeo ha comenzado a poner sobre la mesa elementos de cambio, pero ni están conseguidos ni mucho menos consolidados, al tiempo que el giro, obligado por las circunstancias, del PP en la política europea, sigue acompañado de las recetas más conservadoras en España.

Así al PSOE no le queda, por el momento, más camino que hacer una oposición seria y contundente, que presione para contribuir al cambio, cuando se produzca en la UE, sin renuncias innecesarias y a destiempo de su programa. Una oposición política clara, sin injerencias en las estrategias frente los recortes que los sindicatos o los movimientos sociales establezcan por su cuenta, y que apoye sólo aquellas con las que coincida, ni más ni menos.

Más que seguir mandando mensajes contradictorios a la sociedad, el PSOE debería optar de forma autónoma por su camino, defender sus ideas seria y firmemente desde la oposición y prepararse para recuperar el Gobierno y para contribuir a un cambio de política en Europa, cuando finalmente se produzca, que no es ahora.

El problema de gobierno en España no es de mayoría parlamentaria, el PP la tiene y suficiente, tiene además amigos en los grupos de las derechas nacionalistas periféricas, dispuestos a echar una mano si la necesitan.

No se les ve preocupados por el consenso. Están en otra. En seguir haciendo oposición a la oposición, en echarle la culpa de todo al Gobierno anterior, para justificar sus decisiones y tapar su responsabilidad. Y en Europa, los gestos de altaneros de Rajoy, Guindos o Montoro, aunque torpes y aparentemente provocadores, son para consumo interno, para mostrar que frente "al entreguismo de Zapatero" ellos sí son firmes y patriotas. ¡Vamos el mejor clima para un acuerdo!

Pero ¡ojo!. No vaya a ser que por la preocupación de algunos comunicadores que no pasan de hacer formulaciones de laboratorio, el PSOE se pueda encontrar en una trampa de difícil salida que arruine para años la posibilidad de una alternativa de la izquierda, real y creíble, para este país.



Andrés Gómez


domingo, 24 de junio de 2012


EL INFORME DE LOS AUDITORES Y EL RESCATE

No era muy tranquilizador escuchar el jueves las explicaciones del Secretario de Estado de Economía y el Subgobernador del Banco de España sobre los resultados de las "auditorías" al sector financiero español, realizadas por las empresas Oliver Wyman y Roland Berger.

Y no era que las cifras presentadas fuesen malas, sino que en la medida en que se extendían en las explicaciones, quedaba más claro que no se hablaba del resultado de una auditoría real y sí de un informe elaborado ad hoc para servir de soporte a posiciones preconcebidas.

Los informes empezaban por reconocer que no disponían de información desagregada para cada entidad -trabajo que realizarán con posterioridad otras entidades. Esto implica que han tenido que trabajar con cifras agregadas elaboradas previamente, posiblemente por el propio Banco de España; y no es que las cifras del BE sean incorrectas son sin duda las mejores, si no las únicas, fiables sobre el sector financiero español. El problema de estos informes está en su propia definición, ya que se llaman auditorías a cosas que no lo son lo que, de entrada, les resta credibilidad.

De las no muy seguras  explicaciones lo que se podía deducir es que se trata de un informe con cifras salidas del mismo origen aunque elaborado con distintas hipótesis de partida, tan aceptables o no como cualesquiera otras. O dicho en "jerga econométrica", que se han metido los datos disponibles en la batidora, se han mezclado con distintas hipótesis de lo que puede pasar y se han agitado hasta sacar los resultados con una disparidad, nada despreciable, que va de 15 mil a 62 mil millones. La diferencia entre una y otra, e incluso con los 100 mil millones  límite ofrecidos por la UE, es importante porque de ella no sólo dependerá el mayor o menor endeudamiento del país, sino también los intereses a pagar cada año por su utilización  que, sin lugar a dudas, recargarán el déficit público.

Más allá del coste del informe, que para lo hecho no parece barato, la cuestión es si ha valido la pena dejar de lado el conocimiento de los profesionales del Banco de España para esto.

Sin embargo, cuando se profundiza en las preguntas sobre las posibles conclusiones prácticas de los resultados para la adopción de decisiones las cosas empiezan a aparecer más claras.

De las respuestas del Secretario de Estado se deduce que la intención es segregar los activos inmobiliarios tóxicos hacia un banco malo o una sociedad de gestión de activos, que es lo mismo, pero en una definición más "fina". De ser así la nacionalización de entidades habría sido una "broma de mal gusto", porque al final se segregarían las pérdidas hacia una entidad pública, y se venderían las entidades saneadas con sus beneficios operativos íntegros.

La otra novedad es la posibilidad de que las ayudas del FROB, que sería quien recibiría el crédito de la UE, en lugar de canalizarse hacia las entidades con problemas se puedan dirigir de forma directa a las entidades compradoras. O lo que es lo mismo, que los que compren no sólo comprarán barato, sino también seguro.

El Secretario de Estado dio por sentado que esas opciones estaban ya acordadas con las autoridades europeas. A expensas de que se fijen las condiciones definitivas de la Unión para formalizar la ayuda, ya que no sería la primera vez que se anuncia algo que después se desmiente, se confirmaría que la solución está prevista para una reprivatización acelerada, difícilmente compatible con que el sector público recupere las cantidades comprometidas o establecer una banca pública que equilibre el poder y arbitrariedad de las entidades privadas. Es decir, que lo pagaríamos los contribuyentes y sin contrapartidas.

Con relación a los efectos de esta noticia sobre los mercados habrá que esperar tiempo, no sólo por la amplitud de los plazos de todo el proceso -la información de la situación pormenorizada de todas las entidades se producirá en septiembre- sino porque en estos momentos más importante que el rescate, que todo el mundo da por descontado, serán las decisiones que se adopten sobre el futuro de la construcción europea, que será lo que dará o no confianza sobre el futuro del euro, y ahí las decisiones de los países de la Zona sobre sistema bancario, política monetaria y fiscal o planes de inversión comunes, serán, sin duda, mucho más importantes.



Andrés Gómez

¿ Y SI LOS KEYNESIANOS SALVAN

A LOS CONSERVADORES ?

La reunión celebrada en Roma por los cuatro jefes de Gobierno de los mayores países de la Zona Euro ha sentado algunas propuestas para la próxima Cumbre de Jefes de Gobierno de la UE. La más sustancial es la idea de un Plan Europeo de Inversión de 130 mil millones de euros.

La sequía de buenas noticias y la tendencia de los medios de comunicación a hacer noticia de que "el niño muerda al perro" en lugar de que "el perro muerda al niño", ha llevado a magnificar los efectos de esta buena nueva. No es lo mejor, pero si lo habitual en un momento en que en lugar de hacer análisis sensatos, racionales, cada mal se convierte en tragedia y cada bien en bendición, contribuyendo al miedo colectivo o al descrédito de la información, a un stress social innecesario, porque la gente está cada vez más cabreada por lo que le hacen que por lo que le cuentan, y facilitando también que los mercados aprovechen esta esquizofrenia informativa en su propio beneficio.

Junto al lanzamiento de un Plan del que no ha trascendido ni su período de aplicación ni la forma concreta de su financiación, se ha formalizado el compromiso de utilizar todos los medios necesarios para estabilizar el Euro, aunque de forma aún más inconcreta.

Una parte de la inconcreción es normal, porque se trataba de una reunión a cuatro, cuyas propuestas habrán de discutirse, concretarse y formalizarse con todos los demás. Más preocupante sería que de la reunión de los próximos 28 y 29 de junio en Bruselas, se saliese con las mismas incógnitas.

Pero sin necesidad de dar más importancia de la que tiene a lo que está sucediendo las últimas semanas, no hay duda, ni por fechas ni por la trascendencia pública de sus propuestas, de que la llegada al escenario del Presidente Hollande ha comenzado a agitar el árbol.

Igualmente las posiciones del FMI han empezado a hacerse más explícitas a favor de recuperar el papel de la política, de ir corrigiendo la senda de la ultra austeridad con crecimiento, de dar un papel más protagonista al sector público, de la necesidad urgente de políticas fiscal y monetaria comunes para el Euro, de una autoridad y reglas bancarias también comunes.

Keynes, al que algunos habían enterrado, está resucitando en lo internacional, lo que implicaría que también en lo nacional.

Se equivocarán los que crean que va a ser rápido o fácil. Los conservadores seguirán haciendo ideología del "sufrimiento como forma de redención" y sosteniendo que "hemos vivido por encima de nuestras posibilidades" para justificar que unos, la mayoría, paguemos por lo que es responsabilidad, sobre todo, de una minoría privilegiada que tomaba las decisiones.

Pero ante la evidencia del desastre que puede suponer para la economía el empecinamiento en esas políticas. Ante el hecho de la necesidad de política para recuperar el crecimiento y el empleo, sin el cual sólo continuaría el sufrimiento de cada vez más gente, y con esa moneda difícilmente se pagan deudas, se empiezan a abrir camino las ideas de más Europa y de que la estabilidad no sólo no es incompatible con el crecimiento, sino que lo necesita.

El caso español es paradigmático. Rajoy inició su gobierno con una defensa cerrada de la austeridad a cualquier precio, con recortes continuos en lo nacional y máxima obediencia a la Kaiser Ángela en Europa.

Es evidente el fracaso de su estrategia: a pesar de la reforma laboral, el desempleo sigue creciendo y las previsiones de caídas de producción para este año y el próximo son las únicas expectativas que ha generado. La inyección de confianza e inversión de los mercados que ellos preveían no se ha producido y, ante la pérdida de apoyos de sus  propios votantes, están cambiando de tercio.

Pero siguen manteniendo un doble discurso: liberal conservador en España y keynesiano en Europa y el G 20 que no cuela.

Es difícil pedir ayuda fuera para la banca española y seguir defendiendo que no hay que subir impuestos, porque con eso sólo se provoca que ciudadanos de otros países piensen que bastante tienen con aguantar a su banqueros como para tener que aguantar a los de los demás.

Es difícil dentro de España defender recortes sin control del prestaciones y servicios públicos, al tiempo que se lanza el mensaje de que la recuperación del empleo va para largo y que, sin embargo, el dinero para la banca no es un problema. La confianza "religiosa" -la fe- tiene un límite. Y si se produce lo uno, tendrá que haber cambios en lo otro.

Pero si Europa realmente avanzase, si se construyese un equilibrio entre austeridad, crecimiento y empleo, la evidencia del fracaso de las ideas conservadoras será tal, que, al menos por "vergüenza torera", deberían reconocer que Keynes les ha auxiliado.



Andrés Gómez

lunes, 18 de junio de 2012


FRANCIA, LA IZQUIERDA Y EL FUTURO DE EUROPA

Grecia no es determinante para el futuro de Europa. Francia y Alemania sí. Pasadas las elecciones griegas y la fase de "agiprop" de los que mandan para condicionar los resultados, la reacción de los mercados parece indicar que poco ha cambiado.

La presión del miedo y la intención de culpar de todos los males a los que se salían del guión es un aviso que va más allá de Grecia, aunque si España es un bocado grande de difícil digestión,  lo de Francia es indigerible y por eso, hasta ahora, no se han atrevido.

Por eso y por los mensajes y actuaciones de Hollande, los resultados de las elecciones legislativas francesas tienen más enjundia que lo sucedido en Grecia tanto para la izquierda como para el futuro de Europa.

El PSF ha ganado consecutivamente las dos elecciones -y las cuatro vueltas- celebradas en Francia en los últimos meses y lo ha hecho en un país que, hasta ahora, ha vivido la crisis con menor dramatismo que los países más al Sur y con un trato, durante el período Merkozy, de extremo cuidado por parte de la Canciller Merkel, lo que le da más valor al resultado.

La mayoría absoluta da tranquilidad y refuerza al PSF para el duro período que se avecina. El sistema electoral francés, mayoritario en la segunda vuelta, y el buen funcionamiento de la "disciplina republicana" de la izquierda, la cesión de voto a los candidatos mejor posicionados, ha hecho posible este resultado, en el que lo más significativo ha sido que, a pesar de la mayor abstención, el giro del voto, en ambas vueltas, sitúa una mayoría social y no sólo política, claramente orientada a la izquierda.

Un giro que se ha producido no sólo por el desgaste de Sarkozy y la UMP como consecuencia de la crisis, sino también por un  programa del PSF, razonable pero claramente de izquierda en lo nacional y con relación a la Unión Europea.

Las propuestas de Hollande en las presidenciales enfatizaban la normalidad democrática y la mejora de la distribución de la renta en lo nacional y el crecimiento y el empleo en la Unión Europea.

Y desde el primer momento se ha puesto a ello. En la política francesa ha empezado por reducir un 30% su sueldo y el de sus ministros, ha planteado el restablecimiento de la jubilación a los 60 años para colectivos que suman más de 110 mil personas, ha seguido por establecer un abanico salarial de 1 a 20, máximo, en las empresas públicas y el compromiso de defender el mismo criterio en otras empresas participadas por el Estado, lo que, sin duda, es una presión también para las privadas.

Al mismo tiempo ha reafirmado su compromiso de incrementar la presión fiscal a las grandes rentas y fortunas, en un ejemplo de que, a pesar de los incontestables condicionantes europeos, los márgenes para políticas progresistas nacionales también existen y que la batalla contra la desigualdad social, abandonada durante tanto tiempo, es posible.

Por lo que se refiere a la Unión Europea, frente al hacha de Merkel, frente a la austeridad ya y a cualquier precio, Hollande ha contribuido de forma decisiva a abrir el debate sobre la necesidad de una política económica -monetaria y fiscal- común, a la posibilidad de mecanismos de Deuda Pública compartidos, que eviten que mientras unos apenas pagan intereses por sus deudas, otros paguen el 7% o más.

Ha puesto sobre la mesa, en fin, la necesidad de hacer compatible la estabilidad presupuestaria con el crecimiento y la creación de empleo, aportando en los últimos días la iniciativa de un Fondo Europeo para inversión de 120 mil millones de euros.

Además, de forma tranquila, sin espavientos, ha reiterado la intención de que las tropas francesas abandonen Afganistán antes del final de este año.

Pese a la interpretación de algunos, se trata de un programa y de gestos que van más allá de los planteamientos tradicionales de la socialdemocracia, probablemente porque Hollande se ha dado cuenta de que el cambio que se ha producido en el mundo los haría ineficaces. Es resaltable también que en una Francia tradicionalmente nacionalista, haya avanzado con un programa europeísta e internacionalista, que se corresponde con el momento que vivimos.

Cuando Merkel está pensando en la segregación de los países del Sur para mantener la fortaleza alemana, Hollande parece saber que eso no es posible, y que si se sacrifican las primeras fichas del dominó, el resto pueden caer en fila hasta llegar al seis doble, porque lo que está en juego es Europa, o lo que es lo mismo, el modelo social europeo.

Hará mal Rajoy en no aprovechar esta oportunidad, porque más allá de esquemas ideológicos, es desde estas posiciones de izquierda desde donde se pueden evitar las catástrofes de los países más débiles del Sur de Europa.

Evidentemente la ofensiva de los poderes económicos (los llamados mercados) y la miopía del Gobierno de Merkel que no ve lo que se le puede venir encima a Alemania si acaban con los demás, no van a hacer fácil el cambio y existe el riesgo de que se "tire al niño con el   agua sucia", pero la fortaleza de la izquierda en Francia es, hoy por hoy, lo que más puede contribuir a impedirlo.

De ahí la importancia de Francia para el futuro de la izquierda y, consecuentemente, de la Unión Europea. Porque es evidente que Europa es impensable sin el acuerdo de Alemania y Francia, pero el cambio en este país puede contribuir a propiciarlo en aquel.



Andrés Gómez

domingo, 17 de junio de 2012


LOS TIBURONES HAN OLIDO MÁS SANGRE

Ni rescate duro ni blando. Ni promesas de más Europa, de políticas bancarias, monetarias y fiscales comunes. A pesar de todo la prima de riesgo sigue subiendo y los vaivenes de las bolsas continúan.

Los mercados ya han hecho sus apuestas: no les gusta el euro ni Europa Unida, quieren seguir sometiendo a la política y comprar barato todo lo que tenga valor para que su dominio sea irreversible.

Pero ¿qué son los mercados?. Una buena pregunta, a la que algunos nos responden que somos todos los que tenemos ahorros y los movemos a través de unos agentes, que buscan beneficio a cualquier precio, porque en ello les van sus retribuciones multimillonarias y su status. Esa es una parte de la verdad, pero no toda.

No tienen el mismo poder ni capacidad de influencia los millones de ahorradores que mueven unos miles de euros o dólares, que unos pocos cientos o miles de fortunas y brokers que  mueven billones, y que, en una economía globalizada lo hacen sin control entre países, ora en los que tienen regulación, ora en paraísos fiscales, según les convenga en cada circunstancia. Los primeros recogen las migas del festín, cuando no pagan su osadía de nadar entre tiburones, mientras los segundos deciden y se comen la carne.

El problema es que mientras que los que tienen capacidad de mover mucho dinero sin trabas, pueden decidir en minutos, la reacción de la política en el ámbito europeo es un camino plagado de obstáculos, que lleva meses o años.

Así las cosas, en España se ha pasado de una creciente internacionalización económica, en que un cogollo de grandes empresas, se permitían comprar otras empresas a lo largo y ancho del mundo, a otra en que tienen dificultades para refinanciar las deudas con que las compraron.

Es curioso que algunos de los que recomiendan a las familias, que según ellos han vivido por encima de sus posibilidades, que vendan lo que no puedan financiar, no se hayan aplicado el cuento y hayan sido tan remisos a hacerlo ellos.  Pero en las últimas semanas, ante la presión de la situación, algunas están empezando a hacerlo, aunque en un momento francamente malo, y con riesgos, en algún caso, de vender con pérdidas.

Constructoras como ACS, OHL, FCC o Abertis, Telefónica, Endesa, Iberdrola, PRISA, Abengoa o Arcelor, así lo están haciendo.

En esa costumbre de culpar a la política de todos los males, y la "mala política" si es responsable de muchos, a veces se olvida que la arbitrariedad, el exceso de codicia y cualquier justificación de los errores, también se producen, y multiplicados, en el mundo empresarial. Algunos se dan cuenta ahora de que para reducir su endeudamiento deben vender activos y que, si lo hubiesen hecho al iniciarse la crisis, habrían vendido en mejores condiciones, reduciendo su endeudamiento y, que con menos deuda privada, la situación macroeconómica de España sería ahora mejor.

Por su especial situación, mención aparte merece el caso de las entidades financieras y en especial las cajas de Ahorro.

Sin incluir las promotoras o constructoras de vivienda y obra pública, las cajas intervenidas -Bankia, Catalunya Caixa y NCG- tienen participaciones significativas en empresas potentes como Iberia, Indra, NH Hoteles, SOS Cuétara, Mapfre, Enagas, Iberdrola, Fenosa, CLH o Aguas de Valencia. Si la presión acabase contagiando a La Caixa la nómina de empresa participadas se ampliaría a Gas Natural, Repsol, Telefónica o Agbar.

Eso nos da una idea de una parte de la sustancia que se ventila con el rescate al sector financiero español y del porqué la presión de los mercados a España es difícil que baje, a pesar de los esfuerzos que se realicen.

Los tiburones han olido sangre y están esperando a que procesos precipitados de reestructuración, forzados por las circunstancias, lleven a ventas a precios de saldo de activos que tienen valor y tendrán más en el futuro, pero que ahora están vapuleados por la debilidad de sus propietarios.

Si se está haciendo un esfuerzo que al final, de una u otra forma, pagaremos todos los españoles, para rescatar a las entidades financieras, la venta con pérdidas de estos activos, meter dinero para financiar las pérdidas de esas ventas, sería, una vez más, dar dinero de todos para que unos pocos, hagan cada vez negocios más suculentos.



Andrés Gómez